Las cartas de la madre de Magda
La identidad de Magda Ribot nació de unos escritos de su madre. Trabajé sobre su letra para construir un logo que conservara algo muy difícil de dibujar: el gesto de otra persona que ya no está.
Antes del primer boceto
Magda me llegó recomendada por Emi, una amiga que es psicóloga. Quedamos una tarde para tomar algo en una cafetería y enseguida tuvimos un match, pasamos varias horas hablando.
Antes de dedicarse a la repostería, Magda era banquera. Lo dejó para formarse en alta pastelería y repostería francesa, y hoy trabaja desde casa, por encargo. Dedica tiempo a cada creación y sabe para quién es cada cosa que sale de su cocina.
Me habló de sus creaciones, de cómo quería que se sintiera la gente al abrir una caja suya y de lo que no quería ser. Y en un momento de la conversación me habló de su madre. Llevaba años fallecida, pero seguía muy presente: Magda conservaba escritos que ella le había hecho y eran su mayor inspiración. Me los enseñó con muchísimo cuidado. Creo que ahí supe por dónde iba a ir el proyecto.
La conexión que Magda tenía con su madre la tengo yo la he tenido toda la vida con mis abuelas. Siempre digo que viven en todas las cosas que dejaron hechas antes de irse. Creo que eso nos emocionó mucho a las dos y fue lo que más nos hizo conectar.
- 01 Las creaciones de Magda Ribot, punto de partida de su identidad visual.
- 02 El cuidado de Magda también está en el proceso.
- 03 Formas y texturas de las creaciones de Magda Ribot.
- 01 Uno de los escritos de la madre de Magda.
- 02 Pruebas del logotipo a partir de su escritura.
Su madre, en el logo
Escaneé las letras, las pasé al iPad y empecé a dibujar sobre ellas. No se trataba de copiarlas tal cual. Tenía que encontrar caracteres que fueran legibles y que, juntos, quedaran armónicos, sin perder el gesto de su mano.
Fue un trabajo lento, de ir letra a letra y de descartar muchas. Hubo días en los que solo avanzaba una o dos y repetía el proceso una y otra vez.
Trazar sus letras, sus cartas, leer su mano escrita y repasarla, una y otra vez, fue una manera preciosa de conocer a su madre sin conocerla. Recuerdo que lloré durante el proceso, jamás me había pasado en un proyecto. En esas cartas estaba el amor que una madre le pone a las cosas, incluso a las más pequeñas.
En su logo vive su madre, porque son letras de ella. Cada vez que Magda cierra una caja, pega una etiqueta o firma una tarjeta, ella está ahí. Creo que es lo más bonito que he podido hacer por una marca.
- 01 El packaging de Magda Ribot, con su identidad aplicada.
- 02 Las creaciones de Magda Ribot, listas en sus cajas.
- 03 Las palabras de su madre, conservadas en papel.
- 04 Tarjetas de Magda Ribot con el logotipo.
A partir de esas letras desarrollamos las tarjetas, el packaging y las redes. Dejamos aire alrededor del logo y elegimos papeles con textura y una paleta suave que acompañara sus creaciones. La escritura era el centro de la identidad; todo lo demás tenía que darle espacio.