Luxury jewellery branding for Moremonte, inspired by Phoenician art
Branding for fashion stylist Antía Bellas Pita
Visual identity for photographer Pep Bestard by Luzía
web design for fashion stylist
Leather goods branding for Moms Goods Spain
Handcrafted logo for Magda Ribot
Black and white close-up photograph of a flower, highlighting texture and detail, representing Estudio Manzanero's visual aesthetic.
04

Postales desde Ámsterdam

En nuestra luna de miel pasamos por Ámsterdam y Utrecht. Entre restaurantes, casas y museos, recuerdo especialmente la sensación de mirar desde la calle una habitación iluminada. En Ámsterdam, la tienda de HAY era una parada imprescindible.

Lámparas de colores junto a las ventanas de la tienda de HAY en Ámsterdam.
01 Iluminación en la tienda de HAY, Ámsterdam.

Las ventanas de Ámsterdam

No hay nada que me guste más que ir por la calle paseando y mirando a través de las ventanas. Juego a imaginarme la decoración de las casas, el tipo de gente que vive dentro y el tipo de vida que llevan. Y Ámsterdam fue mi destino perfecto en este sentido. En lugar de fijarme en los canales, me paseaba por las calles mirando hacia dentro de esos paisajes repletos de ventanas: una lámpara encendida, una estantería con libros, una mesa con flores, alguien leyendo. Desde la calle podía ver fragmentos de casas en las que nunca iba a entrar y me moría por ver.

En los restaurantes encontré algo parecido. Los interiores eran súper íntimos, suelos de madera que crujen al pasar, ventanas enormes y una iluminación mínima: luces bajitas y velas. Me daba la impresión de que lo importante era la luz que entraba de la calle, más que la que se añadía dentro.

En Mallorca estoy acostumbrada a pensar en cómo protegernos (o huímos) del sol. Durante mi viaje me fijé en la luz desde otro lugar: en dejarla entrar, en sentarse cerca de una ventana, en cómo cambiaba el ambiente de una habitación.

Diseño y arquitectura durante el viaje

El diseño y la arquitectura tienen siempre su sitio en nuestros viajes. En Utrecht visitamos la Casa Rietveld: verla en persona, cómo se abren y se transforman sus espacios, cómo te lo cuentan y te hacen formar parte de ella, es que es otra cosa. Tenéis que vivirlo para entenderlo. Además, la ciudad fue todo un descubrimiento, tan bonita… mucho más tranquila y acogedora.

También nos aventuramos hasta el Museo Kröller-Müller. La verdad es que está súper lejos, en medio de un parque nacional, pero merece el viaje: Van Gogh, un jardín de esculturas enorme por el que puedes ir en bici y mucho silencio. Lo recorrimos desde la entrada del parque y fue de las mejores mañanas del viaje.

Me traje esa atención de vuelta. Aunque ya me fijaba en cómo ilumino en casa y el estudio, ahora me fijo más en cómo iluminan los comercios y restaurantes. Nunca me había parado a pensar que eso también forma parte de la experiencia y que, de forma tan indirecta, me importa tanto. Las fotos me ayudan a volver aunque sea por un instante lleno de nostalgia, a ese viaje. Me vine tristísima, cada vez que vuelo al norte de Europa creo que sería realmente feliz viviendo allí.