Lo que miro antes de decir que sí
Trabajo como diseñadora gráfica en Mallorca y llevo pocos proyectos a la vez. Elegirlos implica decidir a qué dedico mi tiempo, con quién quiero trabajar y qué voy a ayudar a construir en la isla.
El trabajo al que quiero vincularme
Poder elegir los proyectos que desarrollo por mi cuenta es una suerte. No siempre he podido hacerlo y no lo doy por hecho.
Durante mucho tiempo me costó separar las ganas de ayudar de las ganas de aceptar un encargo. Cuando viene de alguien a quien aprecias o de una idea con la que tienes afinidad, es fácil involucrarte antes de pensar si puedes darle el tiempo que necesita.
Ahora presto más atención a las primeras conversaciones: quién está detrás, qué quiere hacer y cómo espera que trabajemos juntas. Me importa poder preguntar, discrepar y explicar por qué tomo una decisión. Una relación así influye en el proyecto tanto como cualquier referencia visual.
Vivir en Mallorca también ha cambiado mis criterios. La masificación y el acceso a la vivienda forman parte de lo que vemos cada día. Si mi trabajo va a dar visibilidad a un negocio, necesito pensar qué relación tiene ese negocio con el lugar donde vivimos.
Me importa que un proyecto entienda dónde está y respete la cultura local. Sobre todo en una isla, las decisiones de un negocio se relacionan con lo que sucede a su alrededor. Antes de pensar en su imagen, necesito entender qué quiere aportar al lugar y qué relación quiere tener con las personas que vivimos aquí.
- 01 Pruebas de identidad visual de Diomedea Group.
- 02 Una muestra del trabajo, entre las manos.
- 03 En el estudio, con compañía sobre la mesa.
- 01 Trabajar también tiene estos momentos de calma.
- 02 Catálogos de papel, indispensables en mi día a día.
Decir que no
He rechazado dos proyectos por falta de afinidad: uno de una inmobiliaria muy grande de la isla y otro de una agencia que trabajaba principalmente con ese mismo perfil de cliente. No me sentía cómoda contribuyendo a darles más visibilidad.
Decir que no cuesta dinero y cierra muchas puertas. No siempre puedes permitírtelo, y no creo que sea justo hablar de estas decisiones como si todas partiéramos del mismo sitio. En mi caso, poder hacerlo me ha ayudado a entender para quién quiero trabajar.
Si mi trabajo va a ayudar a que algo crezca, necesito sentir afinidad con lo que ese crecimiento implica. Una identidad da visibilidad, ayuda a que un negocio se reconozca y hace más clara su propuesta. Elegir dónde pongo ese trabajo también es una decisión profesional, y cada vez le doy más espacio antes de aceptar un encargo.
- 01 Flores siempre junto a la pantalla.
- 02 Una pausa para tomar café.
- 03 Salir a ver el sol al final del día.
- 04 Una de mis lámaparas del estudio.
Con algunas de las personas con las que trabajo se ha creado una relación que sigue después de la entrega. Compartimos referencias, seguimos lo que hace la otra y volvemos a encontrarnos en nuevos proyectos. Ese pequeño círculo, y las mujeres que he conocido a través de él, es una de las cosas que más valoro de trabajar por mi cuenta.