Diseñar desde una isla
Vivir en Mallorca ha cambiado mi forma de elegir los proyectos. Trabajo en muy pocos al año y cada vez soy más consciente de que lo que decido apoyar y hacer crecer tiene un impacto en el lugar que habitamos. Me interesan los proyectos pequeños y honestos, que entiendan dónde están, respeten la cultura local y quieran aportar algo bueno a la isla y a quienes vivimos en ella.
Elegir qué proyectos hacer crecer
Tengo muchísima suerte de poder elegir los proyectos que desarrollo por mi cuenta. Trabajo en muy pocos al año, así que también paso mucho tiempo pensando en cuáles quiero implicarme y con quién. Vivir en Mallorca ha cambiado mucho mi forma de hacer esa elección: cada vez soy más consciente de que lo que decidimos apoyar, crear y hacer crecer tiene un impacto directo en el lugar que habitamos.
Por eso siempre van por delante los proyectos pequeños y honestos y, especialmente, aquellos vinculados a la isla. Sean de aquí o vengan de fuera, me importa que entiendan dónde están, respeten la cultura local y quieran aportar algo bueno al lugar y a las personas que vivimos en él.
Eso también tiene que ver con el diseño. Una marca acaba ocupando un espacio, hablando a unas personas y formando parte de su día a día. Me interesa pensar qué relación va a tener con todo eso antes de decidir cómo va a verse. Que pertenezca al lugar requiere conocerlo y tenerlo en cuenta en las decisiones del proyecto.
Quizá por eso nunca he sabido ver a las personas con las que trabajo simplemente como «clientes». Son personas que me inspiran y con las que comparto una determinada manera de entender las cosas. Poco a poco siento que voy creando un pequeño círculo con ellas. Reconocer esa afinidad y poder trabajar desde ahí es una de las cosas que más feliz me hace de mi trabajo.
- 01 Un detalle de mi antiguo estudio.
- 02 La terraza de Can Lis, la casa de Jørn Utzon en Mallorca.
- 03 Tarjetas de Estudio Manzanero, un proyecto de identidad visual que diseñé.
- 01 Otro rincón de Can Lis.
- 02 Interior de Datura Studio Isla, en Deià, para quien diseñé la identidad visual.
Una isla más abierta
Durante mucho tiempo me hizo mucha mella la idea de estar aislados. Sentía a Mallorca lejos incluso de la península. Pero la realidad es que ahora, a veces, la noto más conectada con Europa, incluso más que con España. Lo veo en los negocios que abren, en las oportunidades profesionales y también en la gente con la que me cruzo por la calle.
Veo formas de vestir y de estar que hace años me habrían sorprendido aquí. Me gusta sentir que podemos mostrarnos con menos pudor y sin pensar tanto en cómo van a mirarnos. Esa apertura también llega al trabajo: aparecen otras referencias, otras maneras de plantear un negocio y más disposición a probar algo diferente.
Como diseñadora gráfica en Mallorca, me interesa poder desarrollar aquí proyectos que hace unos años quizá habrían buscado talento fuera. Que quienes lleguen encuentren profesionales con los que trabajar en la isla y tengan ganas de conocer lo que ya existe. Veo una oportunidad en ese intercambio cuando hay interés por ambas partes y respeto por el contexto en el que se quiere construir algo.
Me gustaría que hubiera más ocasiones para conocernos antes de que haya un encargo de por medio. Espacios en Mallorca donde compartir referencias, enseñar en qué estamos trabajando o descubrir a personas con las que todavía no hemos coincidido. Compartir algo sin resolver también es exponerse a una misma: hace falta confianza para escuchar una opinión que quizá todavía no estás preparada para procesar.
Siento que los espacios que hay tienen intenciones, pero no acaban de ofrecerles un entorno seguro a proyectos más honestos o locales. Me gustaría que pudiéramos seguir construyendo esos espacios y esas relaciones aquí, reconociéndonos en nuestra propia isla y formando parte de ella.
- 01 Foto de Andrea Illán para Studio AR.DE.
- 02 Detalle de las vajillas de Sonmo en su tienda de la calle Sant Jaume, en Palma.
- 03 La luz sobre el mar Mediterráneo.
- 04 La Serra de Tramuntana, fotografiada por Hugo de Pablo.
La llegada de tanta gente también está haciendo más difícil vivir aquí. No puedo hablar de nuevas oportunidades sin pensar en la vivienda y en las personas que cada vez tienen menos margen para quedarse. Esa contradicción forma parte de cómo veo ahora el trabajo en Mallorca.
Quiero poder seguir desarrollándome aquí y que también puedan hacerlo quienes están empezando. Que el crecimiento de la isla abra oportunidades para las personas que la habitan y que los proyectos que ayudamos a poner en marcha tengan en cuenta esa responsabilidad. Cuando elijo en qué implicarme, también estoy eligiendo qué me gustaría que siguiera habiendo a mi alrededor.